Ya sabemos que la soja es un alimento milenario. Y claro, como todo lo que tiene unos cuantos añitos de vida, la soja tiene su propia leyenda. Una leyenda preciosa que, cómo no, habla de reyes, dioses y regalos. Más o menos es así:
Un niño rey nació y los dioses lo festejaron enviándole regalos de esos que ya nos gustaría que cayeran en Navidad: fuerza, coraje, larga vida, perseverancia, disciplina, sabiduría, comprensión… Cuando llegó la Diosa Kannon (nada que ver con las cámaras de fotos), la verdad es que lo tuvo difícil para regalarle algo; ¡el chaval tenía de todo! Aún así, se quitó un collar que llevaba y con cada una de sus nueve manos (ventajas de ser Diosa), extendió sobre la cuna nueve perlas doradas y dijo: “El niño ya posee el cielo, tantos son sus dones. Resta, por lo tanto, conquistar la tierra”.
Y las perlas doradas se convirtieron en semillas. Y una vez sembradas, se multiplicaron. Y una vez cosechadas, alimentaron a millones de personas. Pues sí, el pequeño gran Rey obtuvo el mejor de los regalos: la soja, posiblemente el mejor alimento de la tierra. Un tesoro que dura hasta hoy y que todos podemos disfrutar. Por ejemplo, tomándonos un SoyJoy . No conquistaremos el cielo ¡pero sí a nuestro paladar!


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